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27.03.08
Nacho Vegas: Canciones Inexplicables. 2001-2007
Texto:
David Saavedra
¿Es demasiado pronto para un recopilatorio de Nacho Vegas? Teniendo en cuenta la intención original de este doble CD (dar a conocer al cantautor asturiano en el mercado mexicano tras su colaboración con Enrique Bunbury), no. Alguno puede incluso cuestionar que se haya editado meses después en España en digipack, completado con material actual, cuando ya había salido en su momento en iTunes. Pero el caso es que, escuchados los 23 temas seleccionados (no sólo de entre sus tres álbumes oficiales, sino también de entre sus cinco EP’s y sus trabajos junto al citado Bunbury y Christina Rosenvinge), la conclusión es tan avasalladora como la siguiente: a lo largo de lo que llevamos de milenio, la discografía de Vegas es tan abundante como, prácticamente, perfecta y confirma al de Gijón como la figura más inspirada e importante de la música española de la última década.
Sólo lleva seis años de trayectoria en solitario, sí, pero en ellos se aprecia una paulatina evolución (no sé si hablar de depuración) de un estilo y un discurso que ya en su debut de 2001, “Actos inexplicables”, se veía tan sólido como sugestivo. Quizá sorprenda reencontrarse con el tema titular, una introducción instrumental con influjo de las bandas sonoras de Ennio Morricone. También incluso con “Seronda”, que transpira una melancolía cantábrica cuya inocencia quizá haya desaparecido en obras posteriores. Pero es en su construcción de romances modernos plagados de fatalismo y humor negro, con un estilo narrativo siempre intrigante que te hace quedar a la expectativa de qué va a decir en el siguiente verso, donde empezó a fraguarse el carácter más llamativo de Vegas, como se demuestra en la abrumadora “El ángel Simón”.
De su primera época son también los estimulantes diálogos entre su universo y el de otros autores.”Que te vaya bien, Miss Carrusel” (versión de Townes Van Zandt) y “Baby-Cat Face” (inspirada por un relato de Barry Gifford) son relacionadas entre sí, al comenzar la segunda: “Ya conocéis a Miss Carrusel/ os presentaré ahora a otra mujer”, reafirmando, además, otro de los recursos más habituales del asturiano: el posicionarse como un narrador externo que, como en los cantares de ciego o la tradición trovadoresca, está contando una historia a la colectividad. La cosa está todavía más clara en “Añada de Ana La Friolera”, un rescate de su EP “Miedo al zumbido de los mosquitos” (2002) que, al tiempo, copia conscientemente un recurso lírico de “Simple Twist Of Fate” de Bob Dylan, y retoma una melodía del cancionero tradicional asturiano en el que es el primer paso que le acercaría al posterior proyecto Lucas 15.
En el ya doble “Cajas de música difíciles de parar” (2003) mostró que todo aquello podía llegar aún más lejos. La causticidad, la sordidez deliberada y la sensación de absurdo alcanzan cotas superiores en la enorme “En La Sed Mortal”, pero también rozan el exhibicionismo tremendista –saliendo, sin embargo, airoso- en “Maldición”, “En el jardín de la duermevela” o “Mark Spitz”, flirteando incluso con cierto aire centroeuropeo de entreguerras en “Gang-bang”. Sólo lamentar que no haya decidido incluir en la selección final el que, para muchos, es el mejor tema de aquel álbum, “El salitre”.
El segundo CD se inicia con “Desaparezca aquí” (2005) y su ya popular “El hombre que casi conoció a Michi Panero”, además de “Nuevos planes, idénticas estrategias”, “Perdimos el control” y el baladón al que define como la más autobiográfica de sus canciones no biográficas: “Ocho y medio”. Luego violará la cronología para retroceder a su EP anterior “Canciones desde palacio” (2003), de donde extrae dos temas mayúsculos: “Canción de palacio #7” (que recuerda en parte al “Here There Goes, My Beautiful World”, de Nick Cave y que ahora ha retomado para su repertorio de directo junto a Christina Rosenvinge) y “En la ardiente oscuridad”, la más rítmica (casi incluso bailable) que ha hecho nunca, utilizando incluso un sintetizador. Otro par de temas del EP “Esto no es una salida” (2005), son igualmente relevantes: desde la oscurísima “Cosas bien hechas” a la perversa “Mi Marylin particular”, que empieza con cierto tono velvetiano para acabar abducida por el espíritu de rumba subvertida de Albert Pla. Completan la retrospectiva dos temas de los que hizo para “El tiempo de las cerezas” junto a Enrique Bunbury (2006) -aunque “Días extraños” es mucho mejor que “Secretos y mentiras”- y, como último rescate, “Me he perdido”, máxima expresión del juego de guiños privado de “Verano fatal”, junto a Christina Rosenvinge (2007).
Por cierto, la presentación del álbum es impecable y no tienen desperdicio los comentarios que hace Vegas sobre cada una de las canciones. Sólo por ello, valdría la pena comprarse el álbum aunque ya se poseyese la discografía completa del asturiano. |