El más imprevisible de los nuevos iconos del rock británico ofreció, esta vez con su nombre, el mejor de sus tres conciertos en el FIB Heineken
El concierto de Pete Doherty en este FIB Heineken (el tercero al que acude, aunque los dos anteriores fuesen con Babyshambles) demuestra, ante todo, que cuando el ex de Kate Moss firma con su nombre también se toma las cosas más en serio. No tiene una banda estable (en conciertos británicos ha tocado con él gente como el guitarra de Blur Graham Coxon y el productor Stephen Street), pero se suele apoyar en músicos solventes que, por ejemplo, en esta ocasión han permitido ver al londinense sonando mejor que nunca.
Aunque se esperaba que su único álbum en solitario, "Grace/ Wastelands", fuese prioritario, lo cierto es que el músico no escatimó éxitos de sus dos anteriores grupos (sí, incluido alguno de The Libertines). Salió al escenario con un sombrero cordobés y los ritmos ska de "Money In The Pocket", versión de un tema de Dennis Brown. La siguiente ya era "Delivery" de Babyshambles para despertar la euforia de la chavalada británica, que era claramente el público predominante.
El catálogo de sorpresas fue bastante interesante. A mitad de concierto salieron un par de bailarinas de ballet con unas coreografías que contrastaban bastante con el sonido punk-rock del grupo. Fue durante la interpretación de "What Katie Did" de The Libertines, y luego volverían reaparecer en tres o cuatro temas más. Aunque la línea del concierto comenzó teniendo más de romanticismo que de pulsión "hooligan" (llegó hasta a cantarle el "Happy Birthday" a un tal Benji del que dijo que era amigo suyo), el respetable ardía en deseos de menearse y corear temas a gritos y, consciente de eso, el británico les concedió el deseo. Unas líneas de "I Wanna Be Adored" de The Stone Roses precedieron a "The Whole World Is Our Playground" y, como obligado final, claro, un "Fuck Forever" con el que dejar a todos contentos. "¡Puta leyenda!", llegaron a gritar unos fans británicos exaltadamente felices.