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Entrevistas Heineken.es
Wild Honey
07.01.10
Wild Honey, artesanía pop
 ENVIAR A UN AMIGO  VISTA DE IMPRESIÓN
Texto: J.F. León
Tras un prometedor epé, Guillermo Farré ha sorprendido a propios y extraños con su primer álbum: “Epic Handshakes And Bear Hugs”, una pequeña obra maestra que destaca dentro del pop hispano por sus luminosas canciones y su cuidada producción.
Lo confieso, llevo un par de semanas enganchado al disco de Wild Honey, un puñado de canciones que un amigo definió como “Brian Wilson meets Josh Rouse”. Es una definición bastante simplista, sí, pero es una forma muy rápida y acertada para dar una idea de por donde van los tiros, sobre todo si acotamos la sombra de Rouse a su delicioso “1972”. Bonitas melodías y una cuidada —y generosa— producción artesanal a la que Brad Jones ha sacado brillo con su mezcla. Ese en realidad ha sido el único lujo que se ha permitido Guillermo en un disco que ha grabado prácticamente solo en casa y que ha acabado autoeditando en vinilo rojo que incluye el compacto de regalo. Una vez descartado el ánimo de lucro, el artista ha querido que su música llegue al mayor número posible de personas y por eso ha colgado el disco en Internet para que se lo descargue gratuitamente todo aquel que quiera: http://wildhoney.bandcamp.com/. Son las ventajas de optar por la autoedición, puedes hacer lo que te dé la gana y Guillermo, consciente de las circunstancias del mercado y de su situación dentro de la industria, ha ido un paso más allá e intenta sacar partido a los hábitos cibernéticos de los consumidores de música más jóvenes.
 
Tras disfrutar de la primorosa presentación del álbum en Madrid —en un show cuya segunda parte fue la interpretación íntegra del álbum navideño de Phil Spector— toca ceder la palabra a un tipo al que le puede la modestia, que tiene los pies en el suelo, la cabeza muy bien amueblada y, además, es un gran conversador… ¿Qué más se puede pedir?

Wild Honey es tu proyecto personal, pero por otro lado parece que tiene el espíritu de una banda y siempre que puedes mencionas a tus compañeros.


Wild Honey empezó como un proyecto con el que buscaba simplemente ir grabando canciones en casa. El siguiente paso fue empezar a tocar esas canciones en directo, y fui incorporando a gente tratando de conseguir que las canciones sonaran lo más parecidas posible a las grabaciones. Hoy día Wild Honey es algo así como un grupo mutante: en casa sigo escribiendo y grabando las canciones yo solo, pero en directo tocan conmigo muchos de mis amigos, todo varía un poco dependiendo de la ocasión: qué amigos están libres, si es posible hacer un concierto con banda o pega más hacer algo más acústico, etc.

Supongo que en principio serían canciones que no cabían en los Mittens, ¿o independientemente querías hacer algo más personal?

No empecé con Wild Honey para dar salida a canciones que no encajaban en Mittens, más bien fueron canciones que grababa y que me gustaba como quedaba mi guitarra y mi voz. Luego vi que podía ser un reto hacer más cosas paralelamente al grupo, ir más a mi ritmo, pero manteniendo todo lo bueno que es trabajar en equipo en Mittens. Luego es cierto que esas canciones tenían un punto un poco más tranquilo (o por lo menos menos contudente) que lo que estábamos haciendo Mittens hace un par de años.

Choca el uso de instrumentos poco usuales: ukulele, todo tipo de percusiones, teclados de juguete... ¿Querías huir de convencionalismos, explorar nuevos sonidos o las dos cosas al tiempo?

Después de tocar muchos años en grupos de formación clásica (guitarra, bajo, batería) quería hacer una cosa un poco diferente, donde entrasen otro tipo de instrumentos que enriquecieran la música. No me obsesiona meter todos los instrumentos posibles ni romper con las convenciones (de hecho, dentro del pop la música de Wild Honey es muy convencional), pero sí me interesa que cada canción tenga una personalidad y muchas veces eso se consigue con los instrumentos utilizados para tocarla.

Mas allá del nombre del grupo —que coincide con uno de los discos de los Beach Boys—, la sombra de Brian Wilson sobrevuela sobre la producción. Imagino que es una influencia fundamental, aunque espero que ese grado de perfección y detalle no te lleve a ti a la locura...

Soy muy fan de los Beach Boys, sobre todo de la época que va del “Today!” (1965) hasta “Surf’s up!” (1971), donde todos los discos que sacaron son prácticamente obras maestras. El nombre lo elegí por el guiño a los Beach Boys, pero también porque me parecía igualmente chulo para quien no pillara esa referencia. Soy muy detallista, pero tengo unas limitaciones bastante grandes ya que no toco ningún instrumento bien del todo, no tengo conocimientos musicales básicos así que me da a mí que muy loco no me voy a volver con los tres acordes de siempre… También soy bastante impaciente y llega un momento en el que me aburro de una canción si le doy demasiadas vueltas.

¿Como decides los instrumentos que utilizas en cada canción?

Con el mini estudio que tengo montado en casa (un micro, un previo y una tarjeta de sonido para el ordenador), tengo la suerte de que puedo hacer y deshacer todo lo que me dé la gana a la hora de grabar una canción. Suelo partir de una idea a la hora de arreglar los temas, pero según avanzo se me van ocurriendo cosas que voy incorporando. Al final todo acaba dando varias vueltas hasta que algo me convence o me da pereza seguir trabajando en lo mismo.

Pero creo que lo importante de tu disco es que tras ese envoltorio hay grandes canciones... Supongo que también para ti es lo fundamental y como dijo Neil Young, desnudando la canción es cuando realmente se ve si es buena...


Para mí la espina dorsal de un tema es la composición. Tiene que funcionar con voz y guitarra acústica. Luego puedes llevarla a una u otra dirección arreglándola, pero una canción mediocre es difícil que destaque por muy vistoso que sea el envoltorio.

Ahora que por culpa del directo has ido involucrando a gente en el proyecto, ¿vas a seguir llevando todo el peso compositivo o es el momento de que otros aporten ideas?


Bueno, la verdad es que Wild Honey es mi proyecto y estoy muy cómodo grabando yo y tomando todas las decisiones. Funcionar de esta manera me da muchísima agilidad para hacer un montón de cosas. Sí que me encanta ensayar con banda y que cada músico aporte sus propios arreglos al directo o que entre todos demos la vuelta a algunas partes.

El disco lleva grabado un año, ¿has trabajado en más canciones durante todos estos meses?

Estos pasados meses he estado sobre todo componiendo para el disco que hemos grabado Mittens y que esperamos publicar en marzo del año que viene. Ya tengo varias canciones nuevas para Wild Honey y algunas ya las toco en directo, pero quiero tener un buen número de temas antes de meterme en el lío de empezar a grabarlas en serio de nuevo.

Aparte de influencias -más o menos previsibles- como Brian Wilson, Phil Spector, Scott Walker, Beatles, Zombies o Josh Rouse, encuentro ecos de bossa y de la chanson francesa, no sé si es producto de mi imaginación.

Para nada, tanto la canción francesa como la bossa nova me apasionan, al mismo nivel que me pueden gustar los Zombies o Beach Boys. De chanson francesa soy fan de muchas cosas clásicas, Jacques Brel por encima de todo. Luego me gusta mucho el pop francés de los 60, que, aunque tenía mucha influencia anglosajona, muchos de sus elementos vienen de la música francesa más tradicional: Serge Gainsbourg, Françosie Hardy, France Gall, las canciones de Jean-Max Rivière o Gérard Bourgeois para Brigitte Bardot, Jacques Dutronc… Con la música brasileña me pasa lo mismo. Me encantan clásicos como Joao Gilberto y todas las composiciones de Vinícis de Moraes y Jobím pero sobre todo la música salida del movimiento tropicalista. Tres de mis discos favoritos de todos los tiempos son “1968” de Gilberto Gil, “Tropicalia” de Caetano Veloso y Domingo, el disco que grabaron Gal Costa y Caetano Veloso en el 67.

¿Qué ha aportado Brad Jones? ¿Tenías muy claro que él era la persona indicada para las mezclas?

Me gustan mucho algunas de sus producciones, sobre todo la de uno de mis discos favoritos, “Kontiki” de Cotton Mather. En realidad todo salió porque un amigo, Alberto Matesanz, mezcló sus dos discos en solitario como Mate para Siesta con Brad Jones y me puso los dientes larguísimos con su experiencia. A parte de mezclar el disco con un super clase, me tiraba muchísimo la idea de irme a Nashville siete días, toda la experiencia que rodeaba a una simple mezcla. Le mandé el EP que saqué el año pasado, le gustó mucho, y decidimos trabajar juntos. Brad aportó una mirada diferente a las canciones después de haber trabajado en ellas prácticamente yo solo durante varios meses, le di libertad para que hiciera lo que quisiera: es una máquina postproduciendo audio, llegó a cambiar algunas estructuras, aportó algún arreglo, además le dio una patina muy profesional al sonido final del disco.

Esto del DIY (“do it yourself / háztelo tú mismo”) está muy bien por la libertad y el completo control sobre tu obra, supongo que era la intención...


Cuando acabé de grabar el disco lo moví entre unos pocos sellos que me gustan con la esperanza de que alguien se lanzara a publicarlo. Tras todo el curro de la producción, me apetecía que el tema de la publicación lo hiciera un sello con tiempo y estructura para hacer todo bien y cuidar el lanzamiento. No salió nada interesante y me metí en el lío de sacarlo yo mismo. Es mucho curro y más pasta invertida pero, una vez hecho todo, estoy contentísimo de haber tirado por ahí. Va muy de la mano con la concepción del disco, que ha sido muy artesanal y he podido hacer todo lo que me apetecía: la portada, elegir los formatos, distribuir gratuitamente el disco en internet… Al mismo tiempo está siendo una experiencia más pasar por todo el proceso que conlleva la publicación de un disco.

Me temo que te has gastado una pasta y si no la recuperas o eres hijo de papá o va ser difícil hacer un segundo disco en las mismas condiciones...

En realidad he mezclado dos mundos: lo más amateur, que es grabar en mi casa en un ordenador, y luego algo súper profesional como es mezclarlo a un estudio de Nashville con un productor de reputación mundial. Con el dólar bajo no es ninguna locura, ni he necesitado pedir dinero prestado a nadie. Tengo un trabajo de oficina normal y corriente y con lo que ahorro me he podido pagar tanto el viaje a Nashville como la fabricación del disco, al final una cantidad parecida a la de un súper viaje con unos amigos o al pago de la entrada de un coche. Además del dinero, lo que sí he hecho es dedicarle muchísimo tiempo a todo. Mi intención no es sacarle rendimiento económico al disco, no tengo distribución y es algo totalmente al margen de la industria pura y dura. Pero sí que está todo más o menos pensado y, si consigo vender las 500 copias en vinilo que he fabricado, recuperaré el dinero y podré hacer otro disco en condiciones similares.

Imagino que también se puede hacer todo de un modo más austero, pero tras algo tan bonito y trabajado debe ser un palo plantearse la posibilidad de una grabación más austera, ¿no?

Sigo grabando canciones en casa, que es la opción más austera posible, algo que al mismo tiempo te da total libertad. No tienes la presión de un estudio que te cuesta una pasta cada hora que pasa, así que puedes hacer y deshacer a tu antojo. No sé si haré algo como lo de irme de nuevo a mezclar a Nashville en el futuro, no es algo que me preocupe en estos momentos. Quiero ver cómo va este disco, me apetece tocar lo máximo posible estos meses, hacer canciones nuevas y luego ya veré que me apetece hacer y que me permitirá mi economía entonces.

Tú lanzamiento es poco usual: vinilo con cd de regalo y descarga gratuita. La verdad, no sé si es una idea genial o un suicidio comercial...

He tratado de pensarlo todo bastante, aunque luego no sé si saldrá bien o mal. Mi punto de partida es que sin distribución y sin dinero para promoción ¿cómo va a saber alguien más allá de mi círculo de amigos que este disco está publicado? Lo mejor es que lo escuche cuanta más gente mejor y de ahí lo de distribuirlo gratuitamente por internet. De todos los que se descarguen el disco, habrá muchos que quieran comprar el disco físico que es lo que al final ayudará a cubrir los gastos. Por tanto, en un caso como el mío lo de dar la posibilidad de descargarlo gratuitamente es algo de cajón, la única herramienta que tengo al alcance para dar a conocer la música. También proviene de mi experiencia: yo soy un comprador compulsivo de discos, pero al mismo tiempo también descargo bastante música y he descubierto muchas cosas a través de descargas. Creo que es una manera alucinante para distribuir y conocer nueva música, es de ciencia ficción para alguien como yo que no tiene distribución a tiendas que con solo subir el disco, exista una audiencia potencial de millones de oyentes. Luego lo difícil es hacerse oír entre tantísima oferta y, por supuesto, esperar que haya gente a la le ha gustado el disco y que hará el esfuerzo de comprarse el formato físico.

Me ha encantado la carpeta, la presentación...

Mi idea era hacer un objeto chulo que molara tener más allá de la música. Hacer música es un proceso muy físico: tocas un instrumento, escribes en una libreta, etc. Escuchar música para mí también ha tenido siempre ese componente físico: sacas el disco de la carpeta, lo pones en el tocadiscos, le das la vuelta… Y acabas teniendo un vínculo con un objeto además del vínculo que tengas con la música. Hoy día, al escuchar música en un iPod se pierde parte de esa experiencia y quería hacer un objeto físico bonito que acompañara a la música. Algo que se tocara, que tuviera una portada de grandes dimensiones y que complementara las canciones.

No sé si la portada tiene algún significado o si es una licencia artística del creador de la portada...

La portada es de Pablo Serret de Grande Graphix. Pablo es batería de Sacramento, se encarga de todos los temas gráficos de Wild Honey y vio de cerca todo el proceso de grabación del disco. Sabe mejor que nadie qué es lo que quiero contar con las canciones y además todo lo que hace me parece alucinante. Estuvimos repasando un poco algunas ideas, más que nada sensaciones, que él acabo plasmando en algo concreto con licencia artística completa. El resultado me encanta.

Y cuidas hasta el mínimo detalle, ¡hasta me aparecen las letras de las canciones en el iPod! ¡No sabía que eso pudiera hacerse! Ese nivel de detallismo se agradece, ¿pero no es un poco extenuante?

Siempre me gusta ponerme en la posición del oyente, en qué me gustaría a mí que sucediera si escuchara el disco. No es muy extenuante, es simplemente tratar de cuidar los detalles, es una satisfacción que luego la gente se fije y lo agradezca. Las letras del disco me parecen algo fundamental así que, al descargarse el disco, está bien que se descarguen también las letras para quien quiera seguirlas mientras escucha las canciones.

¿Qué tal en Nashville? Supongo que hay mucho más aparte de ser la capital del country...


Escribí en mi blog (www.thisiswildhoney.com) todo lo que iba ocurriendo durante los siete días que estuve por allí mezclando el disco con Brad Jones. No pude conocer muy a fondo la ciudad, me movía en bicicleta y, como buena ciudad norteamericana, es necesario desplazarse en coche para conocer todos los rincones. Imagino que sí que hubo una época en la que Nashville fue la capital del country, pero hoy día se ha superado el género y hay mucha industria relacionada con todo tipo de músicas. Es curioso, al igual que en un pueblo perdido americano te encontrarías una tarta de calabaza a la entrada si el pueblo es conocido por sus tartas de calabazas, en Nashville todo gira alrededor de la música para bien (hay estudios alucinantes, salas de conciertos, tiendas de discos) o para mal (toda la imaginería kitch que rodea a la parte turística de la ciudad y que tiene que ver con la música). Pero vamos, es una ciudad apasionante que me gustaría conocer un poco más en profundidad en el futuro.
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