Cualquier lanzamiento de
Xiu Xiu genera una gran expectación:
sus discos jamás dejan indiferente a quien los escucha. Irritación, admiración o claudicación. Pero indiferencia, jamás. Máxime tratándose del grupo cuyo líder no parece poder (ni querer) separar su obra de su vida personal.
En este disco, además, hay otra gran novedad, y es
la falta de Caralee McElroy, ahora en Cold Cave, y quien hasta la fecha era el contrapunto de
Jamie Stewart. Sin embargo, su ausencia apenas se nota: “
Dear God I hate myself” sigue siendo un fiel reflejo de la sensibilidad artística de Jamie Stewart, con sus letras torturadas y esas canciones que son un trasunto de su personalidad y que pasan de la alegría desbordante a la música más queda.
Pese a todo, incluso pese al título, “Dear God, I hate myself” es
uno de sus discos más luminosos e inspirados. Incluso la canción que da título al álbum, pese a que pudiera parecer sombría, es una de las más alegres del grupo (hasta cuando canta “I'll never be happy”). En esa línea también se sitúan “Gray death”, la canción que abre el disco (en la que canta “if you are expecting consolation, I'll be outrageous”) o “Chocolate makes you happy”, que se abre de una forma cercana a la música industrial. Es como si Jamie Stewart diera la vuelta a la tortilla y se riera e ironizara a costa de su dolor.
Sorprende la incursión en una suerte de country-folk de “Cumberland gap”: resulta totalmente atípica. Casi parece un ejercicio de estilo.
Entre las canciones más oscuras están “Hyunhye's theme”, “Impossible feeling”o “Falkland Road”, en la que sale a la superficie el enfant terrible que lleva dentro Jamie Stewart.
El resto del álbum se mueve en las coordenadas habituales:
barroquismo, secuenciadores, beats, guiños a la electrónica, instrumentos de cuerda más o menos convencionales y una falta de pudor absoluta a la hora de experimentar y mezclar estilos.
Como con el resto de sus álbumes, sus detractores lo odiarán y se escudarán en el histrionismo de Jamie Stewart. Pero si hay que ser objetivos y hacer honor a la verdad, se puede afirmar, sin sombra alguna de duda, que es
uno de los mejores discos que ha publicado Xiu Xiu. Y también abre una nueva vía a un lado menos conocido y en apariencia más optimista. Será interesante comprobar los derroteros que sigue su carrera tras este álbum, y si supone un antes y un después dentro de su discografía.