Recuerdo cómo comenzó el año pasado, con la alegría del que finalmente ha terminado siendo (estaba cantado) disco del año en prácticamente todo el mundo, “Merriweather post pavillion” de Animal Collective. Y este “
Contra” parece querer seguir la misma senda, aunque su impacto seguramente no será tan trascendente. Porque donde aquellos añaden capas y capas de misterio y melodías envenenadas, estos cuatro neoyorquinos se lo pasan por el forro y lo amasan con sus buenas dosis de africanizantes -todavía tras la estela de Paul Simon-, para crear una música alegre, optimista, que atraviesa corazones, se pasa en un suspiro y no requiere de dobles escuchas para ser disfrutada.
Habrá quien diga que este disco es demasiado parecido a su debut, “
Vampire Weekend” (2008), en cuanto a producción y demás, pero en un segundo disco pocos son los artistas que se arriesgan a cambiar una fórmula que está funcionando (mucho y bien). Y está claro que en medio de los “pros”, si se buscan, encontraremos algunos (ejem) “contras” (como la batería en el estribillo de “Run” –sin duda, la más floja del lote-, casi calcada a la de “Sunday bloody sunday” de U2, o ese vocoder metido a contrapié en la -por otra parte- magnífica “California english”), pero
el conjunto rezuma buen rollo y la inspiración (rítmica, melódica y lírica) permanece intacta. Porque aunque solo fuera por trallazos tan directos (pero nunca obvios) como “Horchata”, “White sky”, “Holiday” o “Cousins” (con sus impagables estribillos vitalistas), este trabajo ya merecería la pena. De largo. Además, incluyen la que a día de hoy pasará por su canción más pop en el sentido, digamos, clásico del término (también un poco no-wave ochentero), “Giving up the gun”, y la que les emparienta -de una forma bastante más directa que en lo mostrado hasta ahora- a la excelente rumba africana de artistas como Louis Mhlanga (“Diplomat´s son”), para terminar el repertorio de la mejor formas posible, con la hermosa “I think UR A contra” (con sampler central inspirado en el sonido orgánico y casi irreal de “Only shallow”, el corte que abría “Loveless” de My Bloody Valentine) y su melodía vocal resuelta con maestría.
O sea que estamos ante
un disco que convencerá a quienes ya se rindieron ante la magia del disco de debut del grupo (como un servidor), pero que difícilmente encontrará nuevos seguidores entre aquellos que les repudiaron entonces (aunque el disco realmente merece la pena), y que nos muestra a una banda en su mejor momento de forma dueña de un sonido ya plenamente reconocible y personal que los convierte, definitivamente, en grupo de referencia.