Después de que se filtrara por Internet y tras una larga espera, Bradford Cox, 'alma mater' de Deerhunter y
Atlas Sound, ha decidido publicar “Logos”, que incluye las colaboraciones de
Noah Lennox (Panda Bear y Animal Collective) y
Lætitia Sadier de Stereolab. Guitarras, secuenciadores, percusiones metálicas y samples de ruidos que no parecen humanos siguen siendo algunas de las constantes en la obra de Cox.
Lo primero que llama la atención de “Logos” es que es
un disco con un sonido mucho más limpio que el de “Let the blind lead those who can see but cannot feel”. Sigue plagado de atmósferas envolventes, pero esta vez no son los secuenciadores los que adquieren todo el protagonismo.
Es también un disco mucho más luminoso, con canciones mucho más optimistas. Sin duda, la canción por excelencia del disco es ese
“Walkabout” grabado junto a Noah Lennox y que tiene lo mejor de Panda Bear y de Atlas Sound, en una colaboración que resulta sorprendentemente acertada. Sin duda, una de las canciones del año.
Menos acertada resulta en cambio “Quick canal”, en la que canta Laetitia Sadier y que, en efecto, termina por parecer una canción de Stereolab, robando toda la identidad de
Atlas Sound (Bradford Cox queda reducido a mero comparsa, haciendo los coros).
Tampoco faltan las canciones de corte intimista, pausadas (y reposadas) que ya son marca de la casa, como “My Halo”. Sin embargo, escuchando canciones como “Kid Klimax”, “Washington School” o “Logos” es imposible no sentir la influencias de Aphex Twin o incluso del krautrock.
Aunque resulta menos claustrofóbico que su debut, sigue teniendo ese
aura de fragilidad y salvaje honestidad que rodea toda la obra de Cox: basta con ver la portada, en la que un Cox desnudo y nada retocado por Photoshop se exhibe sin máscaras ni artificios, exactamente igual que hace con su música. En sus letras no faltan las referencias al dolor ni a la muerte (“maximum pain” susurra en “The light that failed”). Ni siquiera en una canción con apariencia tan optimista como “Sheila” se libra de esa lectura menos complaciente de la vida: “envejeceremos y nos enterraremos / porque nadie quiere morir sólo”, repite Cox una y otra vez, casi como si fuera un mantra. Pero pese a todo,
la sensación que transmite “Logos” no es de dolor, sino de ensoñación. Es un disco adictivo, en el que la personalidad y las circunstancias de Bradford Cox inundan todo. Una personalidad que, sin duda, dejará una honda huella en esta década que se acerca a su fin.
Ahora sólo falta ver cómo defiende en directo un disco con texturas tan complejas: la oportunidad para verlo la tenemos este mismo mes en la V edición de Heineken Greenspace.