Dicen de ellos que son la respuesta británica a Fleet Foxes y Grizzly Bear. Bueno, no es eso, exactamente, pero van a poder con esa lluvia de halagos y con otras que les vayan cayendo. Un grupo con cimientos.
Pillando prestado todo lo que les apetece de la tradición del folk-pop (especialmente de los años 60 del siglo pasado), estos británicos se han construido un discurso y un sonido neoclásico que da agradablemente el pego. De sobra. Y sin entrar en esa fangosa zona de lo derivativo. Con un disco que salió el año pasado, “
The Sleeper”, cargado de buenas razones, elegantes y con un amable punto de nostálgico, han empezado a ser publicitados como la respuesta que desde el Reino Unido se da a
Fleet Foxes y
Grizzly Bear. Escuchándolos
en directo se les intuyen tablas y resistencia para no naufragar en esos mares del halago. Y también se les intuye, o más bien se les nota claramente, qué es lo que les diferencia de sus homólogos estadounidenses.
Para entendernos todos y explicarlo en cuatro palabras: donde aquellos recuerdan a Brian Wilson y a The Band, estos
se arriman a Paul McCartney y Fairport Convention. The Leisure Society mostraron denominación de origen, y bastante, pero no caspa, como si fueran unos The Kinks templados y listos para ser degustados por fans de Belle & Sebastian y The Divine Comedy. Eso sí, no dieron en ningún momento, ya que he citado al grupo de Stuart Murdoch, sensación de tirar de ironía. Y siguiendo con las alusiones, tampoco la dieron de sarcasmo, que es algo que les hace marcar distancias con el dandy pop de la banda de Neil Hannon, a la que también le guiñan algún ojo. Porque dandy sí que es
Nick Hemming, su cantante y pieza clave, cuyo ligero aire de joven romántico equivocado de tiempo se iba contagiando al resto del sexteto, apelotonados en el escenario de un Sidecar barcelonés más pensado para un máximo de cinco. Ni ahí, en la escasez de espacio, perdían las formas.
Porque formas hay que guardar para que la interpretación de una canción como “We Were Wasted”, con en esas guitarras que parecen escaparse de “The Stranger Song” de Leonard Cohen, se reciba con la solemnidad que pide. Repito: cero ironía y cero sarcasmo. De manera que cuando un cumpleaños sirvió de excusa para entonar un “Happy Birthday” hasta los coros estaban en armonía. Ni las versiones, una de “Cars” de Gary Numan y otra de “Something” de The Beatles, sirvieron como concesiones a la galería. A seguir bien de cerca.