Ell grupo de Alex turner presentó en Madrid "Humbug", su tercer disco.
Abrieron
Mistery Jets sin deshacer en ningún momento la sensación de que son
uno entre tantos grupos guitarreros británicos. En todo caso, el punto más caliente de la noche llegó antes de que los
Arctic Monkeys salieran a escena. Tanto se llenó la pista del
Palacio de Vistalegre (Madrid) que los guardias de seguridad tuvieron que cerrar las puertas de la arena, dejando fuera a espectadores que tenían a sus amigos dentro. Fue el resultado lógico de no controlar quién tiene localidad de asiento y quién de pista. Hubo tensión y algunas escaramuzas entre asistentes cabreados. Bueno, al menos una de las que estalló en la puerta principal fue medio seria, con varios enganches y desenganches. Por cuarenta euros la entrada, hubo quien pudo ver música y boxeo (y quien volvió a casa con la cara caliente). En algunos momentos, el acceso a la arena parecía uno de esos clips de conciertos del franquismo donde los encargados de seguridad trataban como ganado a unos melenudos revoltosos.
La cosa no pasó a mayores, así que vayamos con la música.
¿Lo peor de la noche? Sin duda la desangelada versión de “Red Right Hand” (Nick Cave) que el grupo de Alex Turner se sacó de la manga en el primer tercio del show. Consiguió desconcertar a los fans más animados y probablemente dejó fríos a los veteranos seguidores de Cave. Un capricho que los de Sheffield (Reino Unido) no supieron contagiar.
El mayor lastre del show fue la considerable cantidad de relleno que contienen su segundo y tercer álbum. En todo caso, no hay necesidad de condenar completamente “Humbug” (2009), tercer disco de estudio del grupo, producido por el rockero “stoner” Josh Homme. Canciones tan vibrantes como “The Crying Lighting” o tan desarmantes como “Cornerstone” (digna de Richard Hawley) no las compone cualquiera. Con este trabajo Turner ha crecido como cantante y el grupo ha logrado ampliar sus catálogo de matices. También tuvo su gracia la suave “Secret door”.
Los momentos de mayor euforia de la noche, como era de esperar , fueron
la vacilona “Fluorescent Adolescent” y un par de “hitazos” de su primer álbum, el mítico “Whatever People Say I Am, That's What I'm Not” (2006). Deben estar cansados de tocar ese repertorio, pero probablemente hubiera subido el voltaje tocando los singles de su debut que se dejaron en el tintero. Luego cada cual decide si resulta emocionante o cutre que Turner pase olímpicamente de cantar “When the sun goes down” para dejar que lo haga el público. “Vuestro inglés es mejor que mi español”, dijo la final de la interpretación. Sin duda, pero su voz es mejor que la nuestra. La escenografía consistió en sendas sobrias pantallas a los lados, una explosión de confetti y un bonito juego de luces en el bis final.
Daba la impresión de que no están cómodos como grupo de rock de estadio, pero tampoco quieren aburrir a sus seguidores con un show sosito. Tiran por la calle de en medio y la cosa no queda del todo mal. Resumiendo: noche cumplidora sin brillo especial.