El trío inglés, en alza tras su celebrado “Instant Coffee Baby”, conquista a un público ya convertido haciendo fácil lo difícil.
David Tattersall contó en Madrid que ha descubierto a Veneno en su reciente gira española. No voy a tratar de buscar paralelismos entre el grupo de flamenco hippie de Kiko Veneno y los Amador y el trío inglés de pop lo-fi, porque no los hay. Pero esa afirmación sí da una idea de la naturalidad y el carácter abierto del cantante de The Wave Pictures, un tipo que, sonrisa en ristre, lo mismo le pega dos lingotazos a una botella de DYC (variedad reserva, eso sí) y la pasa al público, que medio minuto después recuerda su fracaso amoroso más doloroso, en ese estilo confesional-conversacional tan morrisseyano. La diferencia con el ex de los Smiths es que Tattersall opta la mayor parte de las ocasiones por eliminar el drama y poner el acento en la parte irónica, dando como curioso -y a veces incómodo- resultado que el entregado público ría algunos versos como si se tratara de chistes.
El aniñado Tattersall también es, inesperadamente, una fiera de guitarrista que se saca de la manga estupendos solos inexistentes en disco, pero que enriquecen la mayoría de las canciones. Él es la máxima atracción de un grupo que deslumbró el año pasado con su debut “Instant Coffee Baby” (aunque tenían media docena de discos autoeditados antes), y que ya tiene continuación en “If You Leave It Alone”. De ese nuevo álbum, más introspectivo, tocaron en Madrid canciones como la preciosa “I Thought of You Again”, compuesta -según contaron- en su anterior gira española, en la que desdoblaron como grupo de acompañamiento de Darren Hayman.
También sonaron, claro, los temas más llamativos de “Instant Coffee Baby”, como el enérgico “Leave the Scene Behind” o los que cerraron el concierto: “Kiss Me” y “Just Like A Drummer”. Entre medias, una versión del jamaicano Laurel Aitken y el descubrimiento de Happy Alberto, descrito por Tattersall como “el mejor intérprete de cencerro de España”, un estrafalario personaje que salió en tres temas a aporrear ese instrumento de percusión cuya palabra española suena infinitamente peor que su equivalente inglesa (cowbell). Con cencerro o sin él, The Wave Pictures consiguieron que sus aparentemente deslavazadas canciones de letras poco convencionales sonaran como el cielo y fueran coreadas sin cesar. No es poco.