Parecía el plan perfecto para un frío martes por la noche. Entrada libre, un escenario de lujo en la
nueva bolera de Williamsburg y dos bandas cuyos temas han sido mi continua banda sonora durante los últimos meses. Pero algo falló y las expectativas quedaron muy lejos de cumplirse.
Esta bolera, situada muy cerca de las orillas del East River, abrió sus puertas el pasado julio y desde entonces, a parte de los bolos y una apetitosa carta de aperitivos y cócteles, lleva ofreciendo un programa de conciertos más que decente que incluso ha contado con una de las actuaciones más memorables del verano, aquella en la que
Dan Deacon apareció sobre el escenario junto con miembros de
No Age y
Deerhunter para tocar alternadamente una canción de cada grupo. Vean aquí uno de los turnos del primero:
Dan Deacon, "Of the Mountains" (Live @ Brooklyn Bowl, 8.2.09) from self-titled on Vimeo.
El dueño del local, Peter Shapiro, sabe lo que se hace, pues anteriormente estuvo al cargo del famoso club
Wetlands Preserve, una de las primeras salas que programó conciertos de bandas como Pearl Jam y Rage Against the Machine. La calidad del sonido es impecable, el escenario es fácilmente visible desde cualquier rincón gracias a su tamaño y elevación y cuenta con una amplia pista de baile que, lamentablemente, no pudimos utilizar la noche del martes, puesto que el único movimiento al que nos incitaron las bandas presentadas fue al estiramiento de mandíbula causado por los repetidos bostezos tras escuchar el tercer tema de cada uno de los grupos.
Los primeros en el cartel fueron
Small Black, un dúo de Brooklyn que basa su sonido en un par de casios y cajas de ritmos, otro nuevo proyecto que se une a esa tendencia lo-fi con preciosas melodías y voces que parecen cantadas a través de un micrófono Fisher-Price. Acaban de publicar su primer EP con cinco canciones perfectas para escuchar tumbado sobre la cama en la intimidad de tu habitación. Para los directos, el dúo formado por Ryan Heyner y Josh Kolenik se compaña de bajo y batería, pero aún así la propuesta queda demasiado floja. Las melodías resultan quizás demasiado repetitivas y por ello aburridas al cabo de un par de temas y la música parece que nunca llega a arrancar del todo.
Tras Small Black llegó el turno de
Kurt Vile, a quien podríamos describir como un trobador moderno con tonadillas llenas de folk, rock y psicodelia. Ha publicado su segundo LP
Childish Prodigy en
Matador, y en él combina canciones en su línea folk más visible en su disco anterior con otras más enérgicas, llenas de riffs pegajosos y descargas eléctricas. Para la puesta en escena de este nuevo trabajo Kurt Vile se acompaña normalmente de The Violators, que también participaron en la grabación del mismo. Sin embargo, no fue este el caso del martes noche y Mr. Vile apareció solitario con su banjo, al que se le rompió una cuerda durante la primera canción y tuvo que ser substituido por una guitarra, e interpretó una especie de versión acústica de sus temas, que no llegó a tener demasiada gracia. Una vez más, el conjunto resultó repetitivo y soso.
Con todo, pese a las malas críticas de estos dos directos, les animo a que escuchen las grabaciones de ambos grupos, mucho más interesantes de momento que sus apariciones en público, y a que visiten, si alguna vez se encuentran por estas tierras, esta nueva bolera y prueben el whisky shake, una mezcla de batido, whisky y una pizca de nutella, pues con uno de estos en el cuerpo ya poco importa quien haya sobre el escenario.