El joven grupo londinense no cambiará la historia del rock, pero apunta mejoría en "Wall of Arms", un segundo álbum bastante más apetecible que el primero.
La creciente popularidad de
Editors ha provocado que el promotor de su concierto madrileño apueste por una sala más grande que La Riviera. El lugar elegido es el Palacio de Vistalegre, un espacio multiusos cuyo enorme aforo ha sido reducido para la ocasión, que lo de Editors tampoco da para tanto. Bajo los tendidos del coso carabanchelero están los camerinos, bautizados con nombres de maestros taurinos de todas las épocas. En la sala José Ortega Cano velan armas los componentes de
The Maccabees, artista invitado por Editors en este tramo de gira.
Felix White, guitarrista del quinteto, es un interlocutor afable, educado y la mar de sencillo, que se desenvuelve con soltura en su papel de portavoz. Parece lógico que esté a gusto, porque el grupo ha salido reforzado de una prueba –la del segundo disco– poco grata para la mayoría. "
Wall Of Arms", ha afianzado la posición de
The Maccabees en el circo pop británico, logrando mejores ventas que "
Colour It In" (2007), su debut, y cosechando críticas mayormente benignas. Merecidamente, además, porque éste nuevo álbum mejora al precedente y arroja saldo favorable gracias a canciones como "No Kind Words", "Love You Better" o "Can You Give It".
Este segundo álbum ha tenido una mejor acogida que el primero, que también fue buena. ¿Crees que ese entusiasmo refleja vuestra mejora?Espero que sea así, al menos. Sí, tengo esa esperanza. Somos veinteañeros, todavía estamos aprendiendo, así que podemos tocar mejor y llegar a decir más cosas. La verdad es que estamos bastante contentos, orgullosos diría, de cómo ha quedado éste disco.
¿Cuáles son las claves de esa mejora?Cuando montas un grupo porque te gusta la música de verdad, no paras de escuchar y encontrar cosas nuevas. Eso es lo que nos pasa a mí y a mis compañeros del grupo: amamos la música. Creo que en los dos o tres últimos años hemos escuchando un montón de música nueva para nosotros, música realmente increíble, y creo que eso ayuda a incrementar tus posibilidades de hacerlo mejor.
Esta vez habéis trabajado con Markus Dravs a la producción, en lugar del veterano Stephen Street, que os acompañó en el primer disco. ¿Cuál ha sido su principal aportación?Buscábamos a alguien al que le gustaran de verdad nuestras canciones y que tuviera la capacidad de traer otra dinámica de trabajo a la clásica que suele surgir entre un productor y el grupo. Más específicamente, creo que Markus ha logrado hacer que las piezas encajaran, rellenando los posibles huecos que quedaban entre los elementos de las canciones.
¿Qué es lo mejor que habéis aprendido de él?Quizá que no importa que no tengas un gran talento natural, como el que tenían artistas como Jimi Hendrix o Jeff Buckley, para hacer buenas canciones. No tenemos ese talento, pero podemos asumir nuestras limitaciones y aprender a sacar el mayor partido de lo que sí sabemos hacer para que el resultado merezca la pena.
Últimamente habéis vivido casi siempre en gira, lejos de casa, aprendiendo del negocio musical. ¿Crees que eso ha influido en que este disco sea más maduro?No creo que tenga que ver con el negocio musical. Los grupos tienen éxito o no lo tienen a pesar del negocio musical. Pienso que el paso adelante en cuanto a madurez y el cambio en nuestra música no tiene que ver con eso. Lo que ocurre es que hemos crecido; no eres el mismo con 25 que cuando eres un adolescente. Todo lo que te ocurre en ese lapso de tiempo, toda esa experiencia que acumulas durante esos años, hace de ti una persona diferente y es lógico que eso se refleje en las canciones.
Lleváis muy buen ritmo de trabajo. ¿Poneros a trabajar en Wall of Arms tan de inmediato se debió a que Colour It In no os gustaba ya?No, no, qué va… claro que nos gustaba. Una vez terminas un disco no sueles ponerte a escucharlo demasiado, empiezas a trabajar en nuevas canciones. Y de Colour It In estuvimos muy orgullosos en su momento.
¿Que vuestras canciones lleguen a la gente os ha hecho más ambiciosos?Sí, creo que sí. Ambiciosos en el sentido de que quieres hacer mejor música. Enseguida te das cuenta de que los mejores grupos no son necesariamente los más grandes. Cuando digo que sí, que somos ambiciosos, no me refiero a que queramos ser como U2, que nos la pelan, sino que queremos ser mejores cada vez.
Llegáis a España como teloneros de Editors. ¿Qué tal os lleváis con ellos?Bien. Con Russell [Leetch, bajista del grupo de Birmingham] juego mucho al tenis de mesa. ¿Ves aquella mesa? Pues es la de Editors. Creo que Russ está algo cabreado conmigo últimamente, porque casi siempre le gano. Son una gente maja de veras, me molan mucho.
Y ahora que habéis compartido este tour con ellos, ¿entendéis mejor su éxito?Sí, sin duda alguna. Creo que está claro que se merecen todo lo que les está pasando. Y cuanto más de cerca lo conoces, mejor lo entiendes. De hecho, lo que no entiendo es cómo otros grupos tienen más éxito y están mejor pagados que ellos.
Habéis sobrevivido a la prueba del segundo disco. ¿Os da miedo que esto se termine algún día?Lo mejor de tener un grupo es que es muy divertido; en realidad, no es un trabajo en sentido estricto y se pasa muy bien. Nunca sabes lo que va a pasar, así que tampoco merece la pena comerse el coco con esas cosas.
Antes de montar The Maccabees, ¿te imaginabas tocando en un grupo de rock?Sí, sí que fantaseaba con ello cuando era un crío. Con 14 o 15 años pensaba que o bien sería futbolista, o astronauta o que tocaría en un grupo. Ni el fútbol ni el espacio son lo mío, así que aquí me tienes.
¿Y el impulso de aquellos primeros días, prevalece?Sí, creo que sí. Llegas a darte cuenta de que los sacrificios que haces –no poder ver mucho a tus amigos y familia, no estar apenas en casa y cosas así– merecen la pena lo suficiente como para seguir adelante con éste trabajo, que es algo que adoro realmente.